En nuestra sociedad, los síntomas físicos están mejor aceptados, menos estigmatizados, que los emocionales. Es más sencillo decir que tiene dolor de cabeza, que reconocer que tiene síntomas depresivos. Por eso, una de las vías que elige la enfermedad para manifestarse, es la física. Dado a eso los pacientes van de un médico a otro, a la espera de que alguno dé con el origen de su malestar. Ello hace que el diagnóstico se retrase, así como el inicio del tratamiento adecuado, con peligro de que el trastorno se vuelva crónico.

Estos síntomas pueden ser devastadores para la salud emocional y física de una persona. Esta enfermedad es uno de los principales problemas de salud en la sociedad actual.